Grados de oración

Os paso las notas sacadas del libro de oración que seguimos. Es un resumen con algún matiz añadido.

 
Grados de oración

Los clásicos estudios de Teología Mística y Ascética dividieron la oración en tres grados o etapas: las vías purgativa, iluminativa y unitiva. Otras veces hablaban de un camino o escala para llegar a la meta, de un “viaje” a la cima o un descenso a la interioridad…. No es este lugar para grandes desarrollos. Baste señalar los grados que señalan los místicos de los últimos siglos.

a) La primera etapa es, según ellos, la oración discursiva (propia de los principiantes). La de las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Se trata de recordar o evocar (re-cor-dare = volver a traer al corazón) algún pasaje de la Escritura (especialmente la pasión) o alguna verdad fundamental. Luego tratar de comprender dicho pasaje (para llegar así al convencimiento de las verdades de fe). Y, finalmente, echando mano de la voluntad (el volo, el querer en latín, el amar: memoria y entendimiento preparan para al alma para amar a Dios y cumplir su voluntad). Se termina estableciendo un coloquio-dialogo con Dios que exprese amor, gratitud, confianza o cualquier otro sentimiento que nazca. El colofón lo pone  el orante haciendo un propósito de vida.

b) Una segunda etapa de oración es la oración afectiva. Se pasa de razonar y pensar a las efusiones o exclamaciones de amor, a veces acompañadas de lágrimas. 
 
c) Seguía la oración de la sencillez. Parecida a la afectiva, consiste en repetir una palabra, frase o exclamación varias veces (jaculatoria). V.g. “Mi Dios y mi todo” (S. Fco. Javier). A esta oración se le llamaba también “oración adquirida” y si incluía silencio “oración de simple mirada”.


 d) Hasta aquí el esfuerzo humano asistido por la gracia podía poner de su parte. El siguiente paso es el de la contemplación infusa, caracterizada por una sensación experimental de la presencia de Dios. Se trata de una contemplación totalmente gratuita de Dios, imposible de alcanzar por uno mismo. A la oveja sólo le queda esperar a que el Pastor la invite a entrar por la puerta. Cuando entra, este contemplativo dice: “Sé que Dios está aquí, siento su presencia, no puedo dudarlo”, pero el concepto de Dios queda envuelto en una “nube del no saber”, indefinido, con sólo un vago sentido de su presencia. Es difícil describir este grado en conceptos, por ello se echa mano de símbolos como el “castillo interior” de santa Teresa, o la “noche oscura” de san Juan de la Cruz. 

 

 
Unas advertencias

Es importante no entender los grados de oración como un camino obligatorio para todos. Dios lleva a cada cual por el camino que Él quiere, no el que nosotros nos marcamos.

*Cuando distinguimos entre “oración adquirida” y “oración infusa” hemos de matizar. Toda oración es un don de Dios, por tanto es “infusa”. Sin ayuda del Espíritu Santo no podemos decir “Jesús es Señor” (1 Cor 12,3) ni “Padre nuestro”. Por eso, más que de contemplación infusa podríamos hablar de contemplación mística.

 Tampoco debemos abusar de los conceptos “extraordinario” y “ordinario”. La contemplación mística no es extraordinaria sino muy ordinaria. Todos los cristianos auténticos están llamados a ella cuando descubren su auténtico ser, su ser normal y corriente, cuando se convierten de veras a la persona que son.

Debemos, también, ser cautos a la hora de hablar de “acción directa de Dios”. Hay cosas que provienen de nuestro inconsciente y de elementos poco conocidos de nuestro psiquismo.

 
Sobre la oración discursiva y contemplativa

 Hoy se tiende a menospreciar la oración discursiva (ignaciana se le llama, como si san Ignacio sólo hablar de este modo de oración) por excesivamente mental (viaje intelectual, atada a la mente y alejada del corazón y los sentidos). Citando a santa Teresa se dice que orar no consiste tanto en pensar mucho como en amar mucho. Pero la oración discursiva es una oración buena y sólida. Y es un buen camino hacia la oración afectiva y de sencillez. Lo malo está en encerrarse en ella y en no abrirse a una “oración más contemplativa” cuando esta tenue llama comienza a abrirse paso en el alma. San Juan de la Cruz habla de directores que son como herreros que martillean con la oración discursiva y no dejan brotar la contemplativa”.(cf Llama B, 43).
 
Tampoco podemos caer en lo contrario, exagerando la nulidad de la razón en la oración mística. En la Edad Media se hizo famoso el dicho de Ricardo de san Victor: “Cuando la contemplación nace la razón muere”. De hecho, cuando la contemplación nace no muere la razón (esto es una hipérbole, una exageración), sino que se purifica. El contemplativo debe, por supuesto, dejar de razonar, enterrar sus pensamientos en una “nube de olvido”, pero… sólo por un tiempo. Luego el contemplativo vuelve a razonar, y habitualmente con mejor criterio.
 
Razonar es una parte importante del ser humano que nunca debemos abandonar. De igual manera que nos servimos de los dos lados del cerebro, así también debemos servirnos de nuestras facultades intuitivas y racionales si queremos llevar una vida de oración equilibrada. Si memoria, entendimiento y voluntad no forman parte de tu oración, debes utilizar entonces tus facultades intelectuales fuera del tiempo de la oración. Para ello lee y estudia la Escritura u obras de teología, mantente al tanto de los sufrimientos y problemas del mundo, … sin esto quedarás marginado de la vida, y tu oración será sólo un muro que te separa de la realidad.
 

 La contemplación lleva al silencio, pero suele suceder que con el paso del tiempo, las facultades racionales se avivan y comienzan a brotar palabras desde la experiencia íntima. Son palabras genuinamente contemplativas, y que dan lugar a grandes obras espirituales (Teresa de Jesús, Juan de la Cruz) o grandes tratados de teología (Santo Tomás de Aquino, San Agustín). La contemplación no ha matado nunca la razón, la ha purificado. Hay pues, que equilibrar razón y contemplación; eso sí, teniendo en cuenta que la sabiduría que viene de la contemplación supera el conocimiento fruto de la razón; comparado con el del místico, el saber del erudito es como un pequeño candil brillando a la luz del mediodía.
 
No olvidéis meditar cada día al menos una vez
 
Recordad :
"Aquel día tenía tanto que hacer
que tuve que empezar meditando"

Casto Acedo. Noviembre 2017



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