Contemplar la Navidad.

Como reflexión en el grupo de oración para estos días os transcribo un texto de Karl Rahner, sin duda uno de los teólogos católicos más significativos del siglo XX, y,  además, un hombre muy espiritual. 

Se trata de una excelente reflexión sobre la Navidad desde una mirada más espiritual que intelectual, aunque sin renunciar a lo segundo. Navidad es la fiesta de la "Encarnación", del hecho por el que Dios toma carne en Jesús de Nazaret, y haciéndose humano nos revela no sólo quién es Dios, sino también quién es el hombre.

La hermosura del hombre no está en ser imagen de Adán, sino en ser imagen de Jesucristo, el "hombre nuevo". Hay una frase un tanto complicada de entender: "El hombre es el yecto y el Dios-hombre es el anteproyecto". Adán el proyecto. Es una forma de decir que antes de la creación ya existía el Hijo (Jesús) en el seno de la Trinidad; desde ese modelo se hizo un proyecto (Adán), pero la verdad del hombre está en el "hombre nuevo" redimido por Cristo. Explico esto porque me parece difícil de entender para un lego en teología. No lo he querido suprimir. No obstante, todo lo demás creo que es comprensible.

Podéis leer el texto y escoger cada uno lo que más os llame la atención. Luego lo comentamos. ¿Vale? 
 
 
 
TEOLOGIA DE LA NAVIDAD
(Karl Rahner)
 
Hoy, mejor que una explicación de los textos litúrgicos de la noche de Navidad, mejor también que una homilía de la Navidad, os propongo hacer una reflexión serena, una pequeña, pero profunda, meditación de la Navidad.

Ponte en silencio, recógete. Aíslate del mundo exterior que te rodea. La vivencia teológica de la Navidad  no está en las fiestas, en el árbol, en los regalos,  en el nacimiento o belenes,  ni en los alegres brindis hogareños de unas copas. Todo eso es Navidad, pero es lo puramente periférico de la Navidad. La vivencia espiritual profunda de este misterio sólo puede vivirse en el silencio del corazón.

Por favor, acéptate a ti mismo tal como eres. No te evadas, no huyas acusándote de tus infidelidades con Dios, ni supravalorándote por tus virtudes. Tanto la infravaloración como la  soberbia no son más que un intento de evasión.  Toma con paz, sin amargura, tu pasado, con realismo tu presente, y tu futuro, condicionado por ese pasado y presente tuyos. Acéptate tal como eres: pobre, limitado, imperfecto. Acéptate a ti mismo como eres en realidad ante Dios. Sentirás dentro de ti un vacío grande. Te lo producen tu pasado y tu presente, condicionando ambos tu futuro. Ese vacío de tu corazón el único que lo puede llenar es ese Niño, que es Dios.

 
Deja que el silencio de tu retiro te hable de Dios. Que hable sólo Él. Tú escucha en silencio. La dicha de la Navidad no es para oírla de un hombre, sino para vivirla personalmente.  La dicha y el gozo de la Navidad no se puede decir desde un púlpito. Mis palabras son incapaces de darte a vivir la Navidad.

Deja que te hable la luz navideña que viene a visitar las tinieblas de este mundo; tú también estás en oscuridad y no hay más luz que la que viene a traer este niño.  Él vino al mundo cuando todo el mundo estaba en paz y en el alto silencio de la medianoche. Tú también tienes que esperar esa paz y en esa oscuridad de medianoche para que venga a ti.

Tu silencio y el mensaje sin palabras que trae el Verbo es lo único que puede darte la realidad navideña. Dios viene a tu corazón. Quiere acuñarse en él. En ese corazón tuyo, distinto de todos los demás e irrepetible. Él, que hizo tu corazón personal e irrepetible, quiere venir a él como lo hizo en el pesebre.
El niño que nace es la Palabra, el Verbo de Dios, y sin embargo, no habla. Los recién nacidos no hablan. Pero el silencio de este recién nacido vale tanto como el sermón de la montaña.
Dios se ha hecho hombre.  No es que se ha revestido de hombre, ni es un  hombre endiosado. Es tan hombre como tú y tan Dios como el Padre. Es el Niño-Dios.
Ese va a venir a tu corazón. No importa que tu corazón sea pobre. Él también era pobre y vino buscando especialmente a los pobres. Tu corazón es tan pobre como el pesebre, y las pajas tan de poco valor como tu pasado, presente y futuro previsible. 

El niño calla, pero ¡dice tanto! También cuando todos los días nace en el altar, guarda silencio de recién nacido. 
Si quieres conocerte, fíjate en el Niño.  La antropología nace del conocimiento de Dios más que del conocimiento directo del mismo hombre. Conociendo al niño empezarás a conocerte  a ti mismo y  a los demás hombres.


El hombre es el yecto y el Dios-hombre es el anteproyecto. Pudo no ser así. Adán pudo ser el proyecto del niño-Dios. Pero no lo quiso Dios. Ese niño que debes recibir en tu corazón es tu ante-proyecto. Tú eres una copia inspirada en Él.

Si es así, lo más cerca de Dios es la carne, la naturaleza humana, el hombre, tú. Tú y Dios debéis formar un “nosotros” de amor.

También puede haber equidistancia  si en tu silencio, si en tu corazón vives profundamente la teología de la Navidad. Lo más cercano a ti puede ser Dios. Si entiendes a ese Niño, Dios puede hacerse más cercano, más próximo.


El mundo sería otro sin Navidad. ¿Qué sería de ti sin ese nacer de Jesús? ¿Qué sería del mundo sin Navidad? Otro mundo, otra cosa mucho más fría y sin sentido. ¡¿Cómo andaríamos los hombres!?


Por el contrario, si vivimos hoy, esta noche, la experiencia íntima de la Navidad, nos será más fácil encontrar a Cristo en la Iglesia, en la Eucaristía y en nuestros hermanos, en el mismo cosmos, y sobre todo en el pobre pesebre de nuestro corazón. 

 (Kar Rahner, Homilía de Navidad.)
Lee el texto, escoge tu frase, y haz silencio teniéndola de fondo.
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Diciembre 2017.

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