Introducción al silencio contemplativo-2

Introducción (2)

 

·  Hemos iniciado un camino; un camino de silencio en oración u oración de silencio.  Es verdad que ya todos rezamos. De un modo u otro todos rezamos.
·     Rezar –podríamos decir- es “estar-comunicar  con Dios”. Normalmente lo entendemos como un movimiento que va de mí mismo hacia Dios; y lo hago :
 
o   Con los labios (oración vocal: privada o litúrgica)
o   Con la mente (meditación: imagino a Dios; me situó ante Jesús)
o   En solitario (oración personal, íntima)
o   En común (oración comunitaria)

·        En todos los modos de oración podemos caer en un círculo llamado “rutina”… Los ritos son buenos y necesarios (me ahorran tener que pensarme y organizarme cada día), pero si degeneran en “rutinarismo” acaban por desfondarme.  Se impone despertar la conciencia para vivir en profundidad todos los momentos de la vida.

·        He dicho “despertar la conciencia”… Y esta expresión nos puede introducir en lo que llamamos “oración contemplativa”, un modo de oración "de silencio" de la que se habla poco, pero que es muy común en la historia de nuestra tradición cristiana. Oración de contemplación es “orar desde la toma de conciencia de lo que somos y de dónde estamos”… Contemplar es “mirar”, “observar”… Como se observa una obra de arte, o un paisaje, o una puesta de sol… Contemplar es ver la realidad tal y como es, no “como creemos que es” o “como quisiéramos que fuera”. (Iremos comprendiendo esto con el tiempo, porque es difícil de explicar, por eso necesitamos contemplar).

 
·        Aquí  sólo vamos a apuntar unas breves ideas. La primera es acerca de nosotros mismos, de nuestra persona.  Observar este cuadro que nos ofrece una visión del hombre muy cercana a la que santa Teresa nos da en el libro de Las moradas:

¿Cómo vivo?





o En el centro aparece la palabra “DIOS”. Es un misterio. Pero así es: “Dios nos habita”, somos “inhabitados por el Espíritu Santo”; Dios es “interior intimo meo” (más dentro de mí que yo mismo).
 
o   También junto a Dios se señala el CENTRO PERSONAL DE MI SER (mi “yo profundo”, real).

o   En las afueras encontramos una palabras que nos remiten a otras realidades: Mente (yo mental), afectos y emociones (yo emocional), cuerpo (yo corporal-físico), ambiente (mis circunstancias).

· Vivir profundamente es vivir todos los aspectos de mi vida desde mi “yo profundo” (con Dios, desde Dios):
 
o    Situarme adecuadamente en mi ambiente geográfico y social,

o    Sentirme dueño de mi cuerpo, gozar de él y de mis sentidos,

o    Gestionar logradamente mis sentimientos, emociones, estados de ánimo,

o    Ser dueño de mis pensamientos (que no me dominen las obsesiones mentales)

o    Conocer mi “yo profundo”… donde habita Dios.

·   ¿Cómo lograr una vida así? Lo primero decir que “es un regalo de Dios”; no está en nuestras manos llegar a lograrla. Aunque sí se nos indica un camino para mostrar a Dios nuestra buena disposición; es conveniente  “comprar el billete de la lotería”, si no lo adquirimos Dios, que es sumamente respetuoso con nuestras libertad, no nos dará el premio; pero también es cierto que el hecho de adquirir el billete no nos garantiza que seremos premiados).

·  Por tanto, se nos pide un trabajo, una ascesis: "practicar estando abiertos, manteniendo despierta nuestra conciencia. Y esta práctica conviene acompañarla de  algunas "virtudes", entre las cuales señalo   dos que creo importantes:

* Primero humildad. Dios no necesita de nosotros. Nosotros sí le necesitamos. Por tanto, ¡”somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer!” (Lc 17,10). Quien no se acerca así a la oración corre el peligro de desanimarse al no ver los frutos…

 
 * Segundo perseverancia. Tomar una “determinada determinación” -son palabras redundantes de santa Teresa- de ponernos en ejercicio de oración con una disciplina a prueba de cansancios y sinsentidos.
 
Este camino se inicia con estas dos premisas:  humildad (renuncia al os propios méritos y fuerzas, obediencia al proyecto que se propone y perseverancia (constancia, renuncia al "mariposeo" y a la discontinuidad, valorar el día a día de la práctica de la meditación).
 
¡Buen camino a todos los que os iniciais!

Casto A. Mérida, Enero 2020

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