Sanar las 5 aflicciones primarias

 Es este el tema complementario del anterior. En este caso se dan algunas pistas para sanar las aflicciones que comentábamos en el último tema: Sanar las aflicciones-

“Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5,23-24)
Hay cosas que nos hacen perder la atención, nos distraen y dispersan nuestra mente. Como consecuencia no nos centramos sino que vivimos distraídos con ideas, imágenes, fantasías que nos sacan del presente llevándonos a los reinos inexistentes del pasado o del futuro. Cuando se presentan distracciones en la meditación ten en cuenta el consejo de Jesús: párate un momento, retrasa un poco tu ejercicio, soluciona el problema que te impedirá adentrarte en ella sin dificultad, y luego ponte a meditar (cf cita que abre esta entrada).

El trabajo a realizar en la meditación  ha de seguir el lema de “sal de tu mente, entra en tu vida”, es decir, vive el presente. Por tanto, si al presente hay algo que te aflige y dispersa procura solucionarlo primero.

No sólo los pensamientos nos desorientan, también lo hacen las "emociones aflictivas"; que son las quenos producen un cierto desequilibrio emocional,  estados de ánimo que nos hacen torpes y que crean fricciones no sólo en nuestra relación con el mundo y las personas, sino también en nuestra práctica meditativa.

Antes de disponerse a entrar en el silencio interior es importante aprender a reconocer qué actitud emotiva predomina en ti. ¿Cómo te sientes hoy? ¿Ansioso, de mal humor, perezoso, desanimado, obsesionado con algo, persiguiendo algo, con envidia, orgulloso? Resulta relativamente fácil pararte y preguntarte ¿qué estoy pensando?, pero más complicado resulta saber qué estoy sintiendo.

Es buena y conveniente ejercitarse en detectar lo que se siente en el mo unmento para dinamizar el espíritu y agilizar así nuestra meditación y nuestra vida interior, que se ve frenada en su curso por la resistencia que encuentra primeramente en los pensamientos recurrentes y en las emociones aflictivas. Ambas cosas, pensamientos y emociones, pueden no sólo ralentizar mi avance espiritual sino incluso frenarlo en seco. Cuando me estanco en ideas fijas y me identifico con mis emociones, sean estas cuales sean, me quedo como hundido en un banco de arenas movedizas.

 

Sanar las aflicciones primarias

Hay días en que te sientas a meditar y tu cuerpo está en equilibrio (postura adecuada, quietud), pero tu mente (alma: pensamientos, emociones, impulsos) está sobrecargada de abalorios, porquería, de basura que no necesitas en ese momento. La más mínima provocación (memoria, imagen, recuerdo…) ya te activa y te pone en llamas, te quita, te roba la atención. Esta experiencia te da idea de lo importante que es estar lo más limpio posible para entrar en un ejercicio de meditación; si, como se insinúa en el texto bíblico que encabeza este tema (Mt 5,23-24), tienes algo que espesa tu conciencia, primero has de solucionar ese problema, porque te envenena. 

Adentrarse en la hondura del propio ser requiere hacer un ajuste o servicio de limpieza previo. ¿Cómo? Apuntamos unas claves sobre cómo neutralizar el efecto negativo que tienen para la meditación cinco estados de ánimo o emociones primarias: 1. el apego o deseo, 2. el odio o la ira, 3. la ignorancia o confusión, 4. la envidia y el orgullo o 5. la soberbia.

1. Para el apego o deseo, reflexiona sobre cómo éste supone una sobreestimación del aspecto bello de las cosas o las personas, no teniendo en cuenta o ignorando las contrapartes, como pueden ser los defectos, o los problemas que genera esa fijación en la belleza. Si estás obsesionado con una persona piensa en lo engañosa que es la visión parcial de lo lindo, lo hermoso, y observa como tu obsesión te impide ver los defectos tanto físicos como de carácter de esa persona.

Cuando el deseo es de alguna cosa, piensa en el dominio que sobre ti que ejerce el apego a ello, los problemas que te genera, el tiempo que inviertes para conseguirlo y que quitas al disfrute de tu propia libertad.  Sé realista, abandona el romanticismo y las ensoñaciones tocando la realidad. “Nadie es perfecto para su ayuda de cámara”, porque éste conoce sus miserias y defectos; el "amor de tu vida” también suda, huele mal y envejece con el tiempo.

No se trata en estas reflexiones de que adquieras una visión “fea” de las personas o las cosas que deseas, sino de compensar el exceso de belleza con que idealmente las adornas. Simplemente, sé realista.

2. Para el odio utiliza el antídoto del “amor”. Cuando estás enfadado con alguna persona, cuando no puedes reprimir la ira a causa de lo que te ha pasado en este día, trata de perdonar a la persona o personas que supones causante de tu disgusto, o de aceptar que las circunstancias que se han dado han sido las que son y ya no las puedes cambiar. Intenta perdonar, o al menos no niegues la posibilidad del perdón cuando te sientas mejor.

Por lo pronto, al iniciar tu meditación deja pasar la aflicción de odio que tienes y trata de enfocarte en alguna persona que te admira, te respeta, te quiere. Y sobre quien te sientes enfadado haz el esfuerzo de recordar sus necesidades, deséale felicidad, bienestar.

Más adelante, en la segunda etapa de nuestro proyecto, profundizaremos en la práctica de la compasión. De momento neutraliza el desequilibrio que genera en ti el odio que sientes hacia otros pensando en esas personas que te quieren, y con las que tienes una relación positiva; o piensa en una circunstancia positiva, que te dio felicidad, para compensar el enfado que sientes por lo que te ha podido ocurrir y que te suscita ira.

3. Para la ignorancia o confusión piensa que también hay una sabiduría, una luz y un orden que ahora no percibes. 

La aflicción primera es la ignorancia del no saber. La ignorancia es como un saber confuso, turbio, que te impide conocer lo que te conviene hacer, lo que puede serte ventajoso, lo que va a hacerte feliz a largo plazo. Si inicias la meditación en un estado de confusión porque no sabes si estás acertando al seguir este camino, porque no comprendes lo que te está pasando, el porqué de las circunstancias adversas que caen sobre ti, piensa que la adversidad es una oportunidad para crecer, y piensa que si afrontas esta situación difícil con serenidad y buscando el bien de todos los seres puedes salir beneficiado.

Fija en tu mente la idea de que respondiendo con amor a todo lo que se te presenta obtendrás grandes bienes. “Donde no hay amor pon amor y sacarás amor” (San Juan de la Cruz). Sal de tu ignorancia; en la confusión déjate llevar por el consejo del Maestro. Tienes en Jesús y su enseñanza un mapa donde visualizar el camino a seguir;  no dudes en seguir la ruta que te indica y que coincide con la imitación de su persona. "Yo soy el camino, y la verdad y la vida" (Jn 14,6). En los momentos de confusión e ignorancia vuélvete al evangelio, y no dudes que plantando semillas de amor pones orden en el caos y abres un camino de luz para tu oscuridad.

4. Para la envidia ten en cuenta que no eres menos que nadie. Todos somos iguales. La envidia te lleva a estar molesto por el éxito ajeno. También es envidia codiciar lo que tiene el otro, pero sobre todo lo que molesta y genera envidia es que el otro sea feliz, esté bien o tenga éxito. En el momento en que aparece la envidia reflexiona sobre la igualdad. Es este un tema que también veremos más adelante.

Tal vez te cueste un poco cuando los hervores de la envidia están en ebullición, pero imagínate que tú eres la persona a la que envidias, imagina que intercambias tu cuerpo con ella y estás detrás de sus ojos. Empatiza con ella hasta el mundo de sentir como ella siente, de ver el mundo como lo ve, haz tuyos los argumentos que justifican todo lo que hace y ha hecho. Siente la necesidad que tiene de ser feliz, y la satisfacción que le produce el logro o la conquista que envidias: esa nueva pareja, esa vivienda tan magnífica, el cargo que ocupa en la empresa, esa suerte que tuvo en su negocio, ...; son cosas que por tu envidia te molestan. 

Piensa que aquel a quien envidias, como humano que es, también puede vivir en envidia; pero tú  deséale felicidad. Dice el papa Francisco que "el verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia. Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Entonces, procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo" (Amoris Laeticia, 95). ¿No te parece acertado el consejo? 

5. Para el orgullo reflexiona acerca de quién eres. ¿Quién soy? A fin de cuentas soy carne, huesos, diminutas células que nacen y mueren. ¿Por qué te enorgulleces si un pequeño virus te puede noquear? ¿Por qué te crees tan grande si en realidad eres vulnerable, débil y frágil? ¿Dónde estarás dentro de cien años? ¿Quién te recordará entonces? Descubre que tienes cuerpo, órganos, ideas, percepciones, y eres como un conglomerado de elementos dispares. Pero todo eso es muy precario, una mezcla de ingredientes que en un momento se puede desorganizar y dejar de funcionar. ¿Qué me queda entonces? Si lo haces bien, sin minusvalorar la importancia del cuerpo, pero reconociendo sus limitaciones, puedes bajar los humos de tu soberbia y dar paso a una meditación y vida más equilibrada.


* * *

Es importante conocer lo que nos pasa, ser conscientes de nuestras emociones, porque éstas marcan el tono de nuestras reacciones, de nuestra conducta. Nuestra alma (mente) es como las tripas. Sabemos mucho acerca del proceso que sigue la comida desde el momento en que entra por la boca hasta que es eliminada. Pero no hay romanticismo con lo que está en el estómago, en las tripas, no nos identificamos con ello; sabemos que es algo que está de paso, que nos nutre, nos fortalece, pero acaba en la letrina. 

Cuando algo pasa por nuestra mente es como si le damos de comer; cuando le damos una novela, una película, el chismorreo de tu amigo sobre su ex, etc… le estamos dando alimentos para que la mente y la conciencia los procese. Todo lo que como me influye, agita mi estómago y genera sensaciones, crea espuma, es como una ola que está pasando por mi. Ese alimento mental genera ira, odio, envidia, apegos, etc.

Pero he de considerar que la ira no soy yo, el deseo no soy yo, la envidia no soy yo. Si te idénticas con alguno de estos estados te conviertes en eso. De ahí la importancia de desidentificarte con esos procesos, de poner las cosas en su sitio; tu yo profundo es otra cosa; los estados aflictivos son efectos secundarios del alimento que tomas; puedes tener ardores mentales como la ira o la envidia; porque el proceso de digestión de los acontecimientos es molesto y ya está; pero esas emociones aflictivas son simplemente un gas mental que tienes; ha pasado por tu mente y ya está; huele mal, pero no es peligroso. Para que no te moleste basta que cuides la alimentación evitando lo que es tóxico y facilitando así la digestión.

Mayo 2023
Casto Acedo

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